«Todos elegiríamos medicina de familia si fuese como pone en el papel… Pero la realidad es otra»


Sara García Antón

Cuando eres pequeño y sueñas con ser médico, en lo que piensas en realidad es en la medicina de familia, en el doctor que atiende, trata y realiza el seguimiento del paciente. Pero… Luego…». Y ese ‘luego’ esconde una realidad con la que la mayoría de quienes ayer hacían en Oviedo las pruebas del MIR, para elegir la especialidad a la que dedicarán su vida como profesionales de la medicina, ya se han topado en sus prácticas y que hace, en muchos casos, que sus intereses se decanten lejos de la Atención Primaria. Lo más lejos posible de los centros de salud y de un día a día laboral marcado por la «saturación» y que poco tiene que ver con la labor que debería ejercer un médico de familia.

Leire Canibe es una de esas futuras doctoras que tiene claro que la medicina de familia está «maltratada». Como muchos de sus compañeros -más de 1.400 personas realizaron ayer en la Facultad de Derecho el examen de Formación Sanitaria Especializada (Medicina, Farmacia, Enfermería, Psicología, Biología, Química y Radiofísica); casi 28.000 en toda España-, considera que esa especialidad es la base del sistema sanitario. «Hay que mejorar las condiciones en las que trabajan los médicos de familia, no se trata tanto de aumentar las plazas sino de que las que hay tengan buenas condiciones», apuntaba Íker Duque, de Bilbao.

«Cuando ves en qué consiste en realidad esa especialidad, la burocracia que implica te genera rechazo», añade. «Todos elegiríamos medicina de familia si fuese como pone en el papel: trabajo en equipo, estrategias preventivas… Pero la realidad es otra», remarca Daniel Lozano, de Tenerife, quien tiene claro los pasos que habría que dar para mejorar la Atención Primaria y convertirla en un destino atractivo para los facultativos: potenciar la independencia de los centros de salud, que haya psiquiatras, aumentar la cartera de salud bucodental y «que no se dediquen solo a sacar muelas», incluir la realización de los fondos de ojos para no tener que acudir a la privada, espirometrías… En definitiva, «que los centros de salud sean más independientes». Y es que, insiste Diana Batín, de Barcelona, «es la base de la sanidad». «Es lo primero y se enfrenta a una sobrecarga brutal», plantea. Como ellos muchos más de quienes se presentaron al examen que pone en juego en el conjunto de España 11.171 plazas de Formación Sanitaria Especializada, de las que 256 son en Asturias, tienen claro que la medicina de familia y los centros de salud en general son los grandes olvidados del sistema. «Si incluso cobra menos un pediatra en un centro de salud que en un hospital», lamentaban.

Así, ven clave mejorar las condiciones de estas plazas para evitar la fuga de profesionales. «Hay que conseguir que cuando le dices a tu abuela que vas a ser médico de familia se alegre tanto como si logras otra especialidad», remarca Leire Canibe.

Esa fuga de profesionales también preocupa a estos jóvenes. Consideran que la formación que reciben en España es de gran calidad, superior en general a la de otros países. Para cursar la especialidad, no tienen duda alguna: España es el lugar elegido. Pero cuando llegue el momento de encauzar el destino profesional sí que empiezan los problemas.

«Negro, lo veo todo muy negro, la situación laboral está muy mal en toda España». Es la opinión de Sara Batista y Elena Hernández, de Canarias. Ven Francia e Italia como dos destinos apetecibles y ya casi descartan Reino Unido por el Brexit. «No es que nos queramos ir, pero aquí es complicado», apuntan. Junto a ellas, mientras esperan para entrar al examen, que comenzó con unos veinte minutos de retraso, dos asturianas, Carmen Cristina Álvarez, de Avilés, y Rosana González, de Oviedo, trataban de quitarse presión sobre su futuro aunque sí destacan que la formación y el MIR es de calidad en España. «Asturias no es de los peores sitios», destacan sobre la situación de los profesionales de la medicina. Desde Melilla llegó Lucía Bueno a preparar el examen del MIR en Oviedo y asegura que le gustaría quedarse en España a trabajar. Lucía conoce de primera mano el ‘mercado’ en Reino Unido y aunque sí asume que allí «hay trabajo para todos», prefiere intentarlo en España.

Esas complicadas condiciones profesionales que todos creen que deberían cambiar, no solo en Primaria, hacen que haya quien lo tenga muy claro. «Pienso en irme a un país anglosajón, a Inglaterra o Estados Unidos. Sobre todo por las condiciones laborales», expone el canario Javier Pardo.

En Alemania, un residente de primer año gana entre 4.600 y 5.100 euros brutos al mes. En Bélgica, entre 2.000 y 2.100 euros netos. Un médico adjunto en Dinamarca recibe entre 90.000 y 100.000 euros anuales. En Asturias, poco más de 16.000 euros, por debajo incluso de la media en España, que se sitúa en algo más de 17.000. Con estas cifras sobre la mesa, no sorprende que las zaragozanas Pilar Martínez y María Mainer, a la que le gustaría convertirse en traumatóloga, piensen en irse al extranjero. «No nos gusta el futuro de España aunque sí la calidad de vida de este país», explican. Algo en lo que coinciden buena parte de quienes se están formando para ser médicos, como Ana Lago, de Ferrol, y Héctor Manso, de Tenerife. «Nos gustaría quedarnos y es nuestra idea, pero si no nos dan buenas condiciones…», apuntan. Mientras que la santanderina Carlota Lamadrid apuesta por quedarse en España. Eso sí, todos insisten en que hay que mejorar las condiciones de trabajo. No tanto por los salarios, que también, sino por la carga de trabajo a la que tienen que hacer frente. En caso contrario, creen, la fuga de médicos no se detendrá a pesar de la falta de profesionales en España.

El Simpa calcula que dadas la jubilaciones previstas hasta 2025 en el Principado, Asturias necesitaría al menos 400 médicos para cubrir las plantillas de los centros sanitarios de su servicio público de salud.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *