Qué es la medicina psicodélica


Las drogas psicodélicas tuvieron su auge durante los años sesenta y setenta entre la contracultura europea y estadounidense. Era habitual encontrar LSD en reuniones y fiestas, para que los presentes pudieran ‘disfrutar’ de experiencias extrasensoriales y de la distorsión de la realidad. Concretamente, la OMS declara que las drogas alucinógenas y psicodélicas “se caracterizan por su capacidad de producir distorsiones en las sensaciones y alterar marcadamente el estado de ánimo y los procesos de pensamiento. Incluyen sustancias de una amplia variedad de fuentes naturales y sintéticas, y son estructuralmente diferentes”.

Psilocibina, ketamina, LSD… ¿Claves para los trastornos mentales?

En este sentido, nadie parecería cuestionarse que estas mismas sustancias, entre las que se encuentran también el MDMA, la psilocibina o la ketamina, pudieran tener algún tipo de beneficio terapéutico sobre el cuerpo humano. Sin embargo, dos instituciones internacionales han creado sendos centros de investigación para estudiar más detenidamente la posibilidad de aplicación de la medicina psicodélica en pacientes con depresión, Alzheimer, etc.

Uno de ellos es el Center for Psychedelic and Consciousness Research (Centro de Investigación Psicodélica y de la Conciencia) de la Universidad Johns Hopkins. Según su propia página web, “los investigadores se centrarán en cómo los psicodélicos afectan al comportamiento, el estado de ánimo, la cognición, la función cerebral y los marcadores biológicos de la salud del paciente. Los próximos estudios determinarán la eficacia de la psilocibina como una nueva terapia para la adicción a los opioides, la enfermedad de Alzheimer, el trastorno de estrés postraumático (TEPT), el síndrome de la enfermedad de Lyme posterior al tratamiento (anteriormente conocido como enfermedad de Lyme crónica), la anorexia nerviosa y el consumo de alcohol en personas con depresión”.

Y es que la psilocibina está recibiendo una gran atención por parte de la medicina actual. Este alcaloide está presente en las setas del género Psilocibybe, o más concretamente un derivado sintético del mismo, puede ayudar a personas con depresión mayor, o así lo ha demostrado el mayor estudio jamás hecho, publicado en la revista The New England Journal of Medicine. En esta investigación, se formaron tres grupos cuyos integrantes ingirieron 25, 10 y 1 miligramo de la droga, sin saber cuál le correspondía. El grupo que tomó 25 miligramos de psilocibina tuvo una mejoría clínica mayor en la tercera semana del ensayo, y en comparación a su tratamiento habitual.

El otro se trata del primer centro formal de investigación psicodélica del mundo, situado en el Imperial College de Londres. Este centro incluirá un ensayo clínico para considerar la psiolocibina como tratamiento para la depresión. Dirigido por la Dra. Robin Carhart-Harris, este centro tendrá como objetivo dos líneas de acción. el uso de psicodélicos en la atención de la salud mental y como herramientas que utilizar para sondear la conciencia cerebral.

España no se queda atrás en el campo de la medicina psicodélica. Recientemente, se ha creado la Sociedad Española de Medicina Psicodélica (SEMPSi). Su presidente, el psiquiatra Óscar Soto, asegura que el objetivo de dicha sociedad es “divulgar información veraz, basada en la evidencia científica, sobre el uso de terapéutico de los psicodélicos, y establecer guías clínicas, códigos deontológicos y de buenas prácticas para la aplicación de estos tratamientos en el ámbito sanitario”.

Sin duda, aún queda mucho trabajo por delante en el campo de la medicina psicodélica y el tratamiento en depresión, ansiedad, trastornos de la alimentación, TOC, estrés postraumático… ¿Serán las drogas psicodélicas la clave para acabar con estos trastornos?

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