Cuida tu salud este 2023 evitando estos alimentos


Ciudad de México /

Las reformas a la Ley General de Salud, vigentes desde noviembre de 2019, regulan el etiquetado frontal de los alimentos y tienen como objetivo proteger los derechos a la alimentación y a la salud del consumidor, al advertirle que algún producto contiene en exceso sustancias que podrían causarle algún daño.

Para asegurarnos que estamos haciendo elecciones saludables, es necesario saber leer las etiquetas nutricionales de los alimentos, para entender cuáles son los nutrimentos saludables y cuales son aquellos ingredientes añadidos o aditivos que nuestro cuerpo no necesita.

Al respecto, Angela Snyder, nutrióloga del bienestar del Hospital Houston Methodist, asegura que, si más personas conocen, leen y comprendan las etiquetas, darán un paso importante hacia una alimentación saludable: “las necesidades nutricionales de cada persona van a variar siempre, pero hay alimentos que todos debemos limitar, sin importar quien esté leyendo la etiqueta”, asevera.

Así que la próxima vez que vayas al supermercado, aplica las recomendaciones que la nutrióloga Snyder nos comparte para aprender a identificar los focos rojos en los alimentos:

Azúcares añadidos, el principal foco rojo

Los azúcares añadidos son una forma refinada de azúcar que se agrega durante el procesamiento de alimentos para mejorar el sabor. El problema es que solo aportan calorías vacías que no necesitamos.

Por otro lado, los azúcares que se encuentran naturalmente en los alimentos van acompañados de otros nutrimentos vitales como fibra, vitaminas y minerales, los cuales son imprescindibles para la salud. Puedes encontrar, por ejemplo, los azúcares naturales en alimentos como las frutas y algunos derivados de la leche; estos son los buenos.

Por otro lado, además de las calorías vacías que aportan los azúcares añadidos y que potencialmente contribuyen a la ganancia de peso, también pueden impactar negativamente a tu salud al consumirlos durante años.

Además, advierte que “los azúcares añadidos ocasionan inflamación en todo nuestro organismo. También generan picos de azúcar en la sangre, lo que incrementa el riesgo a padecer prediabetes y diabetes tipo 2”, afirma la nutrióloga Snyder.

Debido a sus negativas consecuencias a la salud, los productores de alimentos ahora deben especificar la cantidad de azúcares añadidos en las etiquetas de sus productos. Puedes encontrar el “azúcar añadido” dentro de la sección de “carbohidratos totales” en la etiqueta.

Sodio (sal), también es un foco rojo

Sabemos los síntomas obvios que conlleva consumir altas cantidades de sal, pero otro aspecto a considerar, son las implicaciones negativas a largo plazo que genera la ingestión de excesivas cantidades de sodio.

“Lo más grave de consumir mucha sal es el aumento en la presión arterial con el tiempo. Por ello, la recomendación para la mayoría de las personas es limitar el sodio a no más de 2,300 miligramos al día”, afirma Snyder.

Aunque no lo creas, es sumamente fácil excederse de ese número, incluso si no tocas el salero. De hecho, más del 70% del sodio que consumimos diariamente en la dieta proviene de los procesos de manufactura de alimentos, ya que se les agrega una gran cantidad.

Para aquellos alimentos que son notoriamente altos en sal, como sopas enlatadas, busca productos que digan “reducidos en sodio” o “bajo en sodio”.

“Un producto reducido en sodio es aquel que tiene 25% menos sodio que la versión original. Es muy importante revisar la etiqueta para asegurar que no tenga demasiado sodio tu producto. Si este es el caso, evítalo y busca un substituto que sea, reducido en sodio o muy reducido en sodio”, explica la experta en nutrición.

Grasas saturada y grasas trans, tercer foco rojo

Las grasas son probablemente uno de los nutrimentos más controversiales que existen. Pero hay un hecho que debes tomar en cuenta con absoluta certeza: a las grasas saturadas las debemos limitar siempre y a las grasas trans las debemos desechar por completo.

Las grasas saturadas, por otro lado, siguen siendo muy abundantes. Se les encuentra también de manera natural en muchos alimentos de origen animal como: carnes rojas, pollo, etc.

“No todas las grasas son malas, pero lo que sabemos desde un punto de vista científico es que las grasas saturadas contribuyen a elevar los niveles de colesterol, particularmente los de colesterol LDL, que están asociados a un incremento en el riesgo de enfermedades cardiacas”, describe la experta en nutrición.

LDL significa lipoproteínas de baja densidad y que a veces son referidas como el “colesterol malo”, ya que se acumulan en las paredes de los vasos sanguíneos y, con el tiempo, producen enfermedades cardiovasculares. Entre más altos sean tus niveles de colesterol LDL, mayores problemas de salud podrías desarrollar”, comenta la especialista y agrega que, “lo mejor es tratar de limitar las grasas saturadas a 12-16 gramos por día únicamente. Esto es evitar lo más posible alimentos que contengan más de 5 gramos de grasas saturadas por porción”.

Como las grasas son parte esencial de nuestra dieta, Snyder recomienda intercambiar cualquier exceso de grasas saturadas, por grasas más saludables como las monoinsaturadas o poliinsaturadas (aceite de oliva, pescados como salmón, nueces y semillas, etc).

“En general, debemos siempre limitar nuestro consumo total de grasas. Y la mayoría de las que consumimos deben provenir de alimentos de origen vegetal porque tienden a tener mayores cantidades de grasas monoinsaturadas o poliinsaturadas en comparación con los productos de origen animal, que están mayoritariamente conformados por grasas saturadas”, puntualiza la nutrióloga Snyder.

RRR

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